Las Patronas y los Migrantes Centroamericanos. Machetearte #1660.

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Por Carlos Ramos 

Chinchilla, así vamos a identificar al señor que amablemente charló con Machetearte. Él es migrante de nacionalidad costarricense. La Patrona es el nombre de la localidad del municipio de Amatlán de los Reyes, en el estado de Veracruz, México.

—¿Cómo comenzó su travesía de Costa Rica a Estados Unidos?

—Salí de mi país por defender mi preferencia sexual. Contraté a Juan Méndez, identificada como La Víbora. Mi hermano y yo viajamos junto con él hacia México. La Víbora cobró 14,000 dólares por cada uno.

—¿Cómo fue su recorrido a través de México?

—Desde que yo llego a Tapachula y recorro México fui resguardado por la Policía Federal, Migración, y personas del gobierno. En Xalapa, Veracruz, nos hicieron pedir apoyo a las autoridades municipales para obtener transporte y que nos llevara a la Ciudad de México, pero lo hacían para que vieran que nosotros éramos ciudadanos de ahí, de Xalapa, Veracruz. Cuando estuvimos en la ciudad de México la misma Policía nos resguardaba hasta que llegáramos a la frontera.

—Una vez llegando a la frontera ¿cuál era el plan a seguir? ¿Lo sabía?

—Después de pisar Reynosa Tamaulipas, al tercer día, íbamos a cruzar hacia Mc Allen, Texas, y de ahí íbamos a Nueva York. Tengo un hijo en Nueva York, de 18 años; es ciudadano americano e íbamos con él, con su madre. Yo iba a empezar una nueva vida. Desgraciadamente me topé con pared. Empezó el infierno.

Chinchilla narra que La Víbora los vendió en Reynosa, Tamaulipas, por 14,000 dólares: “Estuve cautivo por Los Zetas, cuatro meses y medio. A mi hermano lo mataron. En ese secuestro habíamos 125 personas entre niños, adultos y de tercera edad. Nos usaban como prostitutos, como esclavos sexuales. Ellos cobraban por nosotros 700 u 800 dólares por una hora. Éramos escogidos por catálogo, y ya la persona llegaba y decía ‘quiero este’ ‘quiero el otro’. Muchas jovencitas eran secuestradas: de Centroamérica, de Sudamérica, de México, principalmente de Tlaxcala; niñas que eran vendidas por sus padres o eran secuestradas, allá las usaban para embarazarlas y después, cuando se aliviaban, vender el producto y, ya, las desaparecían”.

A los tres meses de estar secuestrados “a mi familia le piden 70,000 dólares, solamente reunió 35,000 dólares, entonces uno de los dos tenía que morir y fue a mi hermano a quien le tocó; enfrente de mi me lo mataron”

¿Cómo es que ahora se encuentra aquí con Las Patronas?

—Hace un mes escapé, junto con otro salvadoreño porque una persona de Estados Unidos contrata nuestros servicios. Esa persona nos lleva a un hotel a las afueras de la bodega de donde estábamos secuestrados. Nos hizo las peores cosas que podíamos ver y de ahí él bajó a comprar comida y fue cuando escapamos. Un sacerdote de Reynosa, Tamaulipas, nos ayudó para poder llegar a Tijuana.

Agrega: “Fuimos a tocar puertas a varias instituciones de la Iglesia y nadie nos abrió la puerta. Retrocedimos a Nogales, al llegar el autobús, me quedé y mi compañero sigue a la ciudad de México. Pierdo comunicación con él. En Nogales estuve en el albergue San Juan Bosco, donde se trata al migrante como a un perro o basura, tanto al centroamericano y al mexicano deportado. En ese albergue hay una persona del Estado de México que engancha a los hondureños para llevárselos a pasar la mochila o a pasar droga por Caborca, Sonora.

“Llegué a Córdoba, (Veracruz) me quedé en la estación de autobuses. Entonces, las hermanas que me ayudaron en Nogales, (Sonora) en un comedor por parte de unas religiosas, me presentó con Jorge y él me contactó aquí con Las Patronas.

“Ayer le dije a la señora Norma, una de Las Patronas, que fue la primera noche que duermo a gusto después de cinco meses y medio. Me siento seguro y tranquilo porque Las Patronas tratan a las personas como seres humanos”, finaliza el señor Chinchilla.

Bernarda Romero, integrante de Las Patronas, al hablar sobre los 21 años de labor de su grupo, afirmó: “Mientras Dios nos dé vida vamos a seguir con estos muchachos hasta que podamos. Se lo merecen, son como todos nosotros, pero pues por falta de empleo y todo pues no, ahí van en el tren. Son como todos, llevan sueños, llevan ideas, pero no se realizan en su país porque no hay trabajo y tienen que emigrar”.

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