Wikileaks y el espionaje de la CIA. Machetearte #1660.

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Por Gonzalo Lara

A pesar de las continuas advertencias, miles, millones de personas, siguen poniendo su vida entera, casi hora por hora, en las redes sociales: qué y dónde compran, cada cuándo, a dónde salen, con quién, a qué, cómo, por qué no salen, con quién discuten,  por qué, con quién se relacionan, cómo, qué ven, qué comen, cómo se sienten… el etcétera sería muy largo. Afirmar que nos espían por los teléfonos y las pantallas (que hasta el gobierno regala), suena a ciencia ficción, a paranoia conspirativa, pero más de 8 mil documentos recientemente revelados por Wikileaks, dejan en claro que las sospechas que tengamos sobre el espionaje, se quedan cortas ante la realidad, pues la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos entra a espiar en casi cualquier dispositivo electrónico que tengamos en el bolsillo o en casa, conectado o no conectado a la red.

A partir de las revelaciones de Edward Snowden, quedó más que claro que las grandes empresas tecnológicas, como Google y Facebook, repositorios de la intimidad de millones de usuarios, entregan información a la inteligencia norteamericana. ¿Para qué? Para controlar. Ejemplo: Estados Unidos está tratando de normalizar la entrega de contraseña de redes sociales a solicitantes de visa. Esto no desplaza el hecho de que ya tenga acceso; es sólo normalizar la práctica. El ciudadano de a pie puede pensar que como es una persona equis, sin nada interesante que se le pueda espiar, pues no pasa nada. Cualquiera que haya tenido la desgracia de enfrentar al sistema judicial mexicano, sabe bien que lo que haya hecho en el pasado,  puede jugar en su contra en manos de a “justicia” (pensemos en los defensores de derechos humanos, del derecho a la tierra y a los recursos ambicionados por grandes empresas).

La CIA, a través de los gigantes que dominan Internet, como Apple, Google, Microsoft, Linux y redes sociales de primera línea, tiene acceso a la vida de más de medio planeta. Las empresas no lo han negado, sólo dicen que trabajan en mejorar la seguridad. Una salida fácil que no engaña nadie. No es coincidencia que en muchos teléfonos recientes, no se pueda extraer la pila: aunque parezca apagado el dispositivo, si conserva la pila, no está del todo apagado y potencialmente puede seguir enviando información. Samsung tampoco niega que sus pantallas inteligentes capten el entorno.

Encender un aparato de comunicación hoy día es abrir la puerta a un grupo de empresas que pueden saber todo de ciudadanos, empresas, organizaciones civiles, activistas, disidentes, gobiernos, etc., y enviarlo a la inteligencia norteamericana, con lo cual millones de usuarios estamos francamente expuestos al criterio ético y judicial del gran hermano.

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