“Tú Serás el Siguiente Porque Eres de la Calle”, #1666.

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Entrevista

Por Melchor López

“Duele estar en casa con un fierro en la frente. / Duele ver morir a los demás / y no poder respirar frente a los vómitos de fierro”. Así inicia Martín Jacinto el poema titulado “Cuarenta y tres”, publicado en el libro Los 43. Poetas por Ayotzinapa.

A casi 3 años del 26 y 27 de septiembre de 2014 y ante la búsqueda de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Machetearte, charló con el poeta para saber su experiencia de la situación en el estado de Guerrero:

“Yo vengo de una comunidad (estado de Guerrero) donde ataca el narco de diferentes bandos. Entonces, donde vivo es una desgracia porque hay muertes y desapariciones. Si quieres denunciar a la policía, o la presidencia municipal, no se puede. Vas y denuncias y accidentalmente amaneces desaparecido o muerto. O cualquier cosa puede pasar. La gente vive ya en silencio, es mejor no decir nada. El silencio es un poco más seguro.

“Pero el problema es cuando le toca a uno que no tiene nada que ver. Es terrible, terrible lo que está pasando allá en las comunidades nahuas, como en Chilapa. Cualquier error que comentas, cualquier cosa que digan es un pretexto para que lo agarren y le den a elegir entre un plomazo en la cabeza o el trabajar con ellos”.

Seguro en su decir, Martín Jacinto agrega: “El relajo del narco sigue. Igual con lo de Ayotzinapa se dio a conocer un poco más de lo que ya estaba, pero no cambió nada. Lo del narco, sigue igual. Y no es Chilapa, sino que son muchas comunidades y municipios. Otra cosa más: los candidatos a presidencia municipal o están con unos o están con otros narcos”.

—Y como poeta, ¿qué te provoca lo de los 43 normalistas?

—La verdad pues empecé a escribir por esta palabra que no es poética, más bien es rabia. Siempre quise decir algo pero no hallaba el cómo. Directamente no podía y una forma de decir las cosas, como lo de Ayotzinapa, como lo que está pasando allá, pues es la poesía, con un poema. Hace poco me publicaron en un diario nacional poesía con esa temática que estoy viviendo y está en la gente todos los días.

—Además del silencio en la población, ¿qué más hay?

—La gente hasta ahorita lo que ha hecho es sacar de las comunidades a los jóvenes, sacarlos. Mi primo tiene 18 años, es muy jovencito, y es mejor que se vaya a trabajar a Zihuatanejo, o a Acapulco, porque aquí estás expuesto a ser levantado. Entonces solo está quedando la gente vieja, la gente grande es la que está viviendo en las comunidades. Los jóvenes son los que están huyendo, se están yendo a cualquier lugar, e incluso familias enteras se van.

—¿Eres universitario?

—Soy profesor, entonces por eso andamos en esto, estoy escribiendo desde la lengua. Estudié literatura hispanoamericana en la Universidad Autónoma Metropolitana y lingüística en la Iberoamericana, en la Ciudad de México.

—Para terminar, narra un suceso que tú hayas visto de cerca.

—A mí me tocó una vez que iba de Chilpancingo a Chilapa, de repente, a media carretera, había una fila de carros; entonces, iba con un profesor, y él dice: “A quién carajo se le ocurre pararse en medio de la carretera”. También íbamos con una maestra y ella comentó: “¡Ah! Es que son federales y están revisando a que pasen bien los carros”.

“Pero al pasar vimos que no eran federales, eran tres carros de gente pesada, y armada de dos piezas, y pues nos indicaron: “Bajen los vidrios”. Y nos preguntaron que quiénes éramos. Respondimos. Y, pues ya, nos dejaron pasar.

—¿Quieres agregar algo?

—Pues ojalá se supiera más, o se viera un poco más de la situación que se está viviendo, que es extremadamente violenta; cosas que no habíamos visto en pueblos originarios en los que se practica más lo que es el respeto y que se habla y se saluda de noche y no hay problema; se baila, y no pasaba nada. Ahora, pues casi casi no se puede hacer nada de eso en algunas comunidades.

Finalizamos con un fragmento de su poema “Cuarenta y tres”:

¡Tú! Serás el siguiente porque eres de la calle,

porque eres un estudiante

inconforme.

¡Tú! Serás el siguiente porque

las calles tienen ojos,

tienen orejas del tamaño de un

elefante

y sus asesinos,

son invisibles ante el pueblo y

ante la justicia.

 

¡Duelen las calles

maquilladas con tu silencio!

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