La Derecha Internacional se Niega a Perder en Venezuela, #1667.

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Editorial

Principios de 1999. El militar Hugo Chavez Frías (1954-2013) asumió el poder de Venezuela. La política nacionalizadora de la propiedad privada motivó a la derecha local a tratar de derrocarlo el 11 de abril de 2002, intento que fracasó porque la ocasión mostró que tanto el ejército como un buen segmento del pueblo estabán de su lado. El sucesor de Chávez, Nicolás Maduro fue cuestionado desde el principio de su mandato con aquellas voces que alegaban que había ganado con fraude.

La organización Voluntad Popular dirigida entonces por Leopoldo López se propuso en 2014 provocar la mayor inestabilidad en aquel país para convencer a la opinión pública que es mejor que se separe del gobierno, qué supuestamente es un dictador, pero no les ha funcionado pues hasta la fecha cuenta con respaldo popular y del ejército. Los empresarios esconden productos de la canasta básica y en la calles de Caracas la violencia de los ‘insurgentes’ ha producido muchos muertos principalmente chavistas y fuerzas del orden. Las filas de la derecha se componen de mercenarios capacitados en Estados unidos y en Europa e individuos de estrato social intermedio pero la clase pudiente consigue a unos y adoctrina a los otros.

Arriba de todos ellos, dice un artículo de Sputnik News, está el interés del capital internacional por apropiarse del petróleo y más específicamente de Exxon Mobil, a quién expropiaron gigantescos terrenos en la cuenca del río Orinoco y a consecuencia de esto demandaron a PDVSA por 20,000 millones de dólares en el 97’ ante una corte internacional, la trasnacional perdió y para el director Rex Tillerson, ahora secretario de estado de los gringos se convirtió, según sus propias palabras en algo personal recuperar “la libertad”, lo que en los hechos de poder significa apropiarse de los recursos de un país que no es el suyo, como siempre lo han hecho los yankys. Diremos que de exprimir al país y que genere las máximas ganancias a costa del trabajo asalariado enajenador y del ecocidio. Pero no le ha sido fácil, por la circunstancia del apoyo popular y militar.

Siendo escandalosa a nivel mundial la escasez inducida de alimentos, Nicolás Maduro se propone pa’demostrar que efectivamente cuenta con el apoyo popular, la Asamblea Constituyente Nacional, efectuada exitosamente el 4 de agosto pasado de donde se eligieron 545 legisladores para redactar una nueva constitución. La Reacción trató de poner piedras en el camino, por medio del terror, del asesinato de chavistas, del juez que condenó a prisión a López, y concluidos las descalificaciones no se hicieron esperar, empezando por la misma empresa encargada de organizar los comicios, quien dijo que eran fraudulentos. El 11 de agosto Donald Trump indicó que es posible usar su poder militar de ser necesario. Por esas épocas los gobiernos títeres del imperio condenaron la violencia en la República Bolivariana sin mirar la que en sus respectivos países ocurre a diario. Se hace patente que los mercenarios de la reacción no escatiman en derramar cuanta sangre sea necesaria para restaurar su poder y no aceptan ninguna salida que no implique su reasunción en el ejecutivo.

Es infantil esperar de una asociación política de convicción neoliberal (la Mesa) a la que le importa un sorbete los costos en vidas humanas de la insurrección, un plan que genere bienestar a los venezolanos.

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