Refugios para Mujeres, #1667.

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Reportaje

Por Carmen Escalante

“Mi esposo me golpeaba y mi suegra abusaba de mi hijo, por eso llegué al refugio para mujeres”. La historia de Mariana, es parecida a la de las otras tres mujeres que habitan en el refugio en el cual ella estuvo escondida de su marido y su suegra.

“Fui a la iglesia y ahí me dijeron que no me podían ayudar, pero me mandaron a otro lugar y de ahí me dieron esta dirección, hablé con las chicas de la fundación y me dijeron que sí me apoyaban pero que tenía que quedarme tres meses voluntariamente junto con mi hijo y acepté, me dijeron a mí y a las otras que nos iban a capacitar en un trabajo, cada que se cumplen los tres meses, sacan a unas para meter a otras y así, sólo puedes estar ahí por tres meses”.

Son las confesiones que hace para Machetearte, Mariana, desde luego, ocultando su verdadero nombre, su esposo tiene mucho dinero y la puede mandar a buscar y tomar venganza.

El refugio de la colonia Ramos Millán, donde estuvo Mariana, es una casa particular, con las comodidades mínimas y una televisión, las chicas que ahí acuden, reciben el nombre de “usuarias”.

La dueña de la casa, recibe a las chicas junto con sus hijos y se hace cargo de ellas durante tres meses en cuestión de comida y casa, tiene otras tres personas de apoyo, entre ellas una psicóloga que le ayudan con el manejo del lugar, de vez en cuando pide donaciones por medio de grupos de internet, de las cuales muy poco llega a las “usuarias”, a quienes se les dijo también, que se les capacitaría en varias actividades para que saliendo del lugar, pudieran subsistir por medio del autoempleo, algunas veces no se les puede capacitar sino que se les refiere a algún tipo de trabajo que ellas puedan hacer, “yo creo que es porque las mujeres que quieren apoyar, viniendo a enseñarnos, no regresan en cuanto se enteran que lo van a hacer gratis” dice Mariana.

“Cuando yo estuve ahí, hace un mes, sólo teníamos a la psicóloga y a una señora que nos enseñó a hacer jabones, quedo de venir otra pero ya no vino”.

En estos refugios, en los cuales hay cámaras y seguridad, las mujeres, víctimas de violencia intrafamiliar, ven ellos, una solución rápida y viable para escapar de los golpes y amenazas de sus maridos o parejas violentas.

Otro tipo de opciones, las presentan algunos centros de apoyo para las mujeres, como el CAVI (Centro de Apoyo a la Violencia Intrafamiliar).

“Cuando me salí de mi casa, alguien me sugirió ir al CAVI para que me defendieran de la persecución que me hacia mi expareja, ahí me ayudaron, me mandaron con un abogado para tramitar mi divorcio, no me costó nada el abogado y ahí queda asentado que te estás divorciando porque tu marido es violento y te golpea, a mí me ayudaron mucho en el CAVI”, es el testimonio de Lucía, quien escapó de su hogar junto con sus hijos y recurrió a este centro de ayuda para pedir apoyo.

Ya sea acudiendo a un Refugio para Mujeres de alguna asociación segura o, a algún centro de apoyo como el CAVI, siempre hay opción de salirte de la violencia de tu casa y empezar de nuevo. Pide apoyo, infórmate y ayúdate a tiempo.

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