La Heroica Solidaridad del Pueblo Mexicano. Machetearte #1668.

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Opinión

Por Omar Nava Barrera

El pasado martes 19 de septiembre de 2017, a 32 años exactos del terremoto de 1985, nuestro país fue golpeado por otro terremoto que estremeció las consciencias de la población mexicana. Al igual que en Juchitán Oaxaca 12 días antes, después de otro violento desastre telúrico, el pueblo mexicano se volcó a las calles en un acto heroico de solidaridad ante los ojos del mundo, y dejando ver claramente que el Estado mexicano y sus gobernantes son un verdadero lastre para este país, puesto que han sido rebasados por la organización popular.

Haber echado de la colonia Obrera al secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, quien supervisaba labores de rescate en un edificio que colapsó, entre gritos de repudio por parte de las personas que ayudaban en las acciones concretas después del desastre, es una reacción sintomática del hartazgo y la deslegitimación de la clase político-empresarial en el poder y sus instituciones, puesto que, aunque no lo parezca a simple vista, la mafia que nos gobierna es parte del desastre que vivimos los mexicanos y mexicanas en este momento.

Muestra clara y concreta de que las consecuencias, después del terremoto, se deben en gran medida al desastre que se encuentra en las formas de gobernabilidad; son las concesiones a empresarios por parte de las instituciones del Estado para la construcción, la estructuración y distribución de la Ciudad de México. La privatización del espacio y de las estructuras son parte de la problemática, puesto que vivimos en una ciudad (antes un lago) insostenible, mal distribuida y en desequilibrio total con el entorno natural. Una ciudadanía crítica debe ser partícipe en la construcción inmediata y urgente de un entorno sustentable, en el que los fenómenos naturales, sus consecuencias y sus posibles soluciones debieran ser un eje transversal en nuestra formación escolarizada y no escolarizada.

La acción popular llevada a cabo en estos momentos por el pueblo mexicano nos está demostrando que, a pesar de la multiplicidad de crisis que tan dramáticamente han golpeado al país, a pesar de las diversas violencias, la descomposición social y los recientes desastres naturales, aún hay esperanza y esta se fragua desde abajo puesto que existe un gran potencial organizativo en nuestro pueblo y sin la espera infructífera de lo que digan las autoridades gubernamentales ni sus medios de comunicación.

Sin embargo, el pueblo mexicano debe tomar en cuenta que, si bien las acciones de apoyo como las brigadas de trabajo, la donación de víveres y herramientas, son esenciales en estos momentos, la solidaridad y la organización popular deben ser una constante en este país tan herido. No nos dejemos llevar tan sólo por la inmediatez del momento. Si ya levantamos esa mirada agachada y anclada en el concreto gris, esa mirada apática e indiferente que tanto hiere a nuestro pueblo y estamos comenzando a mirar al horizonte, si ya nos estamos dando cuenta que la solidaridad y la unidad popular son ejemplos que nos dignifican por el hecho de dar la mano sin mirar a quien, sigamos construyendo el despertar de nuestra historia.

La solidaridad inmediata que se ha venido gestando después de la tragedia, debe de estar acompañada de una planeación profunda y de largo alcance. Pero para que esto pueda ser, la memoria es fundamental como un pilar donde se asienta la conciencia, ya que nos permite no caer en la crueldad del olvido y así tener bien claro lo siguiente: quiénes son los culpables de otorgar las concesiones que propiciaron las deficientes construcciones que ahora son escombros y que dejaron decenas de víctimas mortales; qué funcionarios, medios de comunicación y partidos políticos están lucrando con el dolor y la frustración del pueblo mexicano, y quiénes han obstaculizado la creación de una ciudad sustentable en equilibrio con el entorno natural, recordando que somos parte de la naturaleza y no ajena a ella.

Lamentamos los daños y las pérdidas humanas de nuestro pueblo, pero el miedo no nos paraliza y así lo estamos demostrando. Porque la clase política siempre nos ha dado la espalda y nos ha traicionado ¡es necesario construir el poder popular hoy y siempre! Porque sólo el pueblo libera al pueblo.

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