Hasta Siempre Daniel Viglietti, #1670.

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Crónica

Por Alberto Híjar Serrano

Pocos mexicanos tuvimos la fortuna de asistir al acto final del homenaje al Che en Vallegrande. Antes del discurso final de Evo, el cantor uruguayo nuestro americano si los hay, cantó en un escenario lateral dos de sus canciones emblemáticas: “Dale tu mano al indio” y “A desalambrar”. Refugiado del sol al pie del escenario sosteniendo una manta internacionalista sueca de un Colectivo Carlos Fonseca Amador por invitación de una compañera chilena avecindada en el nórdico país, recordé a Roberto Quezada del salvadoreño Yolocamba I Ta, cuando me contó de una presentación del cantante poeta comunicador crítico en la Universidad ante un público impaciente al que dijo: esperen, les va a gustar. El pronto reconocimiento de “A desalambrar” levantó los ánimos porque era la consigna justa para las acciones campesinas. La apropiación combativa la había vuelto anónima, como sucede con las obras integradas a las luchas populares. Igual en Bolivia por el Che, muchos cantaban quedito, acompañaban, celebraban el buen tino de elegir a Viglietti para cerrar las participaciones artísticas.

Largo tiempo pasó sin venir a México y cuando lo hizo al fin de siglo en un espacio improvisado del plantel sur del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, logró captar la atención de los contestatarios sin memoria histórica discretamente conducidos a figuras y tradiciones necesarias.

El primer acto público por la suerte de Lucía Morett, sobreviviente del ataque al campamento de las FARC en Sucumbíos apoyado por la base yanqui en Ecuador y en protesta por la masacre donde perdieron la vida cuatro estudiantes, contó con la actuación de Viglietti en un auditorio de la Facultad de Filosofía. Había que denunciar el maltrato de Lucia con el cuerpo lleno de esquirlas. En lugar de protegerla como testigo y vÍctima, los gobiernos de Colombia y Ecuador la inculpan hasta la fecha e Interpol la mantiene con dos fichas rojas. Como no iba a estar Viglietti en el acto por la justicia. Una joven filmaba y me saludaba para informarme de su nacionalidad mexicana y de su paso por mi curso de Estética en la Facultad. Volveríamos a vernos hambrientos en la única taquería abierta lejos del Auditorio Nacional donde había participado en recuerdo de la Unidad Popular de Chile. Su representante en México lo acompañaba, el periodista historiador con trabajos valiosos de investigación y denuncia constante, Carlos Fazio. La lucha hermana y nos reconocemos en ella y por ella.

La familia de Lucía le organizo una tocada en un restaurante de San Ángel donde nos formamos en la fila para abrazarlo. Me pareció imprudente llamar su atención cuando acabó de cantar en Vallegrande. Hubiéramos celebrado el encuentro por el Che. Los afectos siguen: Jorge Mansilla, el primer embajador del gobierno de Bolivia multinacional que firma Coco Manto sus poemas y trabajos de periodismo de investigación como el publicado en suplemento especial en su país sobre “Las mujeres del Che”, las cinco últimas que lo atendieron, fue quien me comunico la terrible noticia. Viglietti se fue en definitiva, Coco Manto parte de regreso a su Cochabamba natal. Malas nuevas, viejos afectos. El tiempo se acorta. Alerta roja en pie hasta la victoria.

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