Con el TLCAN sólo los Empresarios Ganan (segunda y última parte). #1672.

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Especial

Martín Esparza Flores (Secretario General del Sindicato Mexicano de Electricistas)

Ante la falta de argumentos para defender un acuerdo que en nada ha beneficiado a las mayorías, los negociadores mexicanos no tienen otra opción que tratar de ignorar el problema. En todos estos años nuestro país no ha logrado consolidar una economía realmente competitiva con sus socios comerciales, conformándose con migajas y hasta la cesión de su soberanía alimentaria.

De nada ha valido a los negociadores adoptar una posición de franca docilidad ante el gobierno de Trump; la comisión norteamericana ha terminado por aprovechar tal situación para imponer sus propias condiciones con la idea de una renegociación periódica cada cuatro años y la obligación de nuestro país a aumentar sus importaciones de bienes y servicios con Estados Unidos y la eliminación del capítulo 19 para violar el acuerdo de manera unilateral cuando así convenga a los intereses del país vecino.

Bajo cualquier ángulo, México lleva todas las de perder con la aparente “modernización” del tratado. Preocupante además que en el Congreso la partidocracia esté más preocupada por defender los recursos para sus campañas electorales del próximo año que en exigir a las autoridades una posición más firmes en la defensa de los intereses nacionales en la mesa de las negociaciones del TLCAN.

Los diversos sectores de la economía, afectados por los saldos negativos del tratado, deben unirse con los trabajadores y los campesinos para emplazar a las autoridades a que el acuerdo comercial no se firme sino hasta después de las elecciones del próximo año.

No puede cancelarse en definitiva la posibilidad de acceder a un nuevo modelo de desarrollo económico que incluya el fortalecimiento de los sectores agropecuario e industrial para crear condiciones que mejoren los salarios y fortalezcan el mercado interno como una vía para resolver la pobreza y la desigualdad que se han arraigado por más de tres décadas en México.

Los mexicanos deben preguntar a nuestros gobernantes: ¿De qué nos sirve un acuerdo que sólo ha generado pobreza y estancamiento económico? Los beneficios directos y tangibles se reflejan en el interés, por ejemplo, de las armadoras estadounidenses para que todo siga igual; es decir, que el “paraíso laboral” de México se mantenga con salarios miserables para obtener ahorros en sus costos de producción por miles de millones de dólares. Y de paso, zanjar el camino a un empresariado nacional empecinado, al igual que los tecnócratas, en mantener la cultura de los magros salarios que ni siquiera son de rango mínimo, sino ínfimo, comparados con los de nuestros socios comerciales.

La dirigencia del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) alardea con plantear a las autoridades, vía la inservible Comisión Nacional de Salarios Mínimos, un aumento a los salarios de 15.20 pesos diarios, para que el mínimo pase de 80.04 a 95.24, como si con ello se resarciera el poder adquisitivo menguado en décadas. De acuerdo con la benevolencia empresarial y en el marco de la negociación del TLCAN, tal mini incremento permitirá a México ya no tener los peores estipendios entre los miembros de la OCDE. Esto, por supuesto, suena a una broma de muy mal gusto.

En tal sentido, no debe perderse de vista en el cercano contexto político, el papel que muchos de los aspirantes y partidos han jugado en el proceso de la desventajosa renegociación, para que a la hora de lanzarse, como ya es costumbre, a la búsqueda del voto con su demagogia a cuestas, no le salgan a los agraviados electores con sus reciclados y huecos discursos nacionalistas, porque lo que menos les ha importado en estos años ha sido la defensa de los intereses de la nación y de las mayorías. Deberán aceptar el costo de su irresponsabilidad en las urnas.

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