“Las desaparecidas merecen ser buscadas”: Rastreadora, #1673.

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Por Melchor López

“Sé dónde está tu hija”, fue lo que se escuchó por teléfono. Y nació un remolino de ideas y sentimientos desde las palabras del aparato telefónico. Y el nombre de Cruz Alejandra Peña Beltrán, desaparecida desde julio desde 2013, saltó y atrapó la atención de Bertilia Beltrán Cabanillas, madre de Alejandra.

Fue una llamada anónima, (a quien se le identificará como “X”): aseguró saber del lugar exacto para encontrar a Cruz Alejandra. Con detalles, “X” era capaz de hacer un mapa para localizar el cuerpo de Alejandra. Pero nunca lo hizo llegar a Bertilia, porque “X” sabía que su vida corría peligro: en uno o dos días podían ir por él y lo matarían. “X” lo sabía. Y eso le provocaba pavor.

Para “X”,ese peso era menor al que le causaba no poder dormir por tener ancladas las frases de Alejandra que le soltó cuando estuvo secuestrada, antes de que la mataran y sepultaran en un paraje, en medio de la soledad.

Bertilia Beltrán dice que es un feminicidio; ha luchado para que así sea reconocido. Las evidencias que reunió indican que fue muerta por ser mujer.

Cruz Alejandra, había ido a una fiesta. Desde la puerta de su casa, su mamá salió a despedirla. Le deseó lo mejor. Y se fue. Bertilia se quedó tranquila. Pero todo tronó cuando no veía el regresó de su hija. E inició la búsqueda y el toparse con los obstáculos para no derrumbarse ante tanta indiferencia e insensibilidad del gobierno.

A la mamá le cala mucho. No lo soporta. Va al psicólogo. Y el profesionista le marca pautas. Ella desoye algunas como la de recordar acciones y expresiones de su hija: frases como la de “Soy muy cabrona”.

Añora detalles de Alejandra, como la pasión por la música de banda. Tanto es el recuerdo que ella prefiere marginar todo sonido que le atraiga imágenes de su hija. Pero comenta que una de las peticiones que le hizo su hija, en aquéllos años de sana convivencia y alegría, que le llevara música de banda cuando la enterraran.

—¿Cómo crees? Si los hijos son los que deben enterrar a los padres— Por aquel entonces el entorno familiar era de estabilidad económica y emocional y con una convivencia envidiable como para decir y pensar que nunca les podría pasar nada. Pero Cruz Alejandra Peña Beltránvivió lo que sucede en México: la desaparición de personas.

“¿Trata de personas? Nada de eso nos puede pasar, a mí no me sucederá algo así”. Eran las ideas de Bertilia. Y ahora le invade ese pasado y le salta el coraje. Hoy sabe lo que es rastrear, ir e indagar, pelear, estar, debatir, exigir justicia y meterse en organizaciones de búsqueda de desaparecidas, como el de las rastreadoras que recorren lugares recónditos, a los que se dirigen porque una llamada anónima les da señas de los parajes en donde pueden encontrar a sus seres queridos.

Bertilia buscó a Alejandra tres años y unos cuantos meses. Estuvo en foros, en reuniones con organizadoras. Y fue en una charla, en un espacio religioso al que ella asistía, que alguien le escuchó al describir su labor, la incansable búsqueda de su hija: se metía a facebook, a google e indagaba. Después se iba a la callea rastrear. Fue una rastreadora.

Hasta que en una reunión religiosa le dijeron: “Una persona sabe dónde está tu hija. Y quiere ponerse en comunicación contigo”. Esa persona era “X” y había llamado desde la cárcel. Por su experiencia, ella presintió una mentira más. Pero la esperanza ganó y experimentó. Cuando charló con “X” por teléfono, supo que era cierto. La certeza era atornillada a la respuesta del delator: “No quiero dinero”.

“X” solo deseaba su tranquilidad; esa que perdió después de tapar el cuerpo de Alejandra y de una amiga de ella y de dos más.

—¿Por qué haces esto? — Le preguntó Bertiliaa “X”. Y él le dijo:

—Porque su hija pidió que si la iba a matar que por lo menos dijera el lugar donde la iban a enterrar para que su mamá pudiera encontrarla, porque ella la iba a buscar hasta encontrarla.

Y él tuvo pesadillas. Y no podía dormir. Pero si delataba el lugar, su vida corría peligro. Aun así, delató y tuvo un poco de tranquilidad. Y “X” le dijo a la mamá: “Yo sé dónde está tu hija”. Y ella sabía que era cierto porque ya otras personas se habían acercado pero solo con interés de pedirle dinero.

Y supo del lugar gracias a la información de “X”.

Después de 3 años de sufrimiento y dolor, Bertilia se encontró con el cuerpo enterrado de su hija Alejandra, estaba junto con su amiga. Actualmente sigue de rastreadora porque, dice: “Toda persona merece ser buscada”. Y el Estado no lo va a hacer: “Lo vi, lo escuché”. Y ahora tiene cuidado con sus dos hijas que se cansan de lo sobre protectora de su mamá, pero entienden la situación.

El día del sepelio fue con música de banda porque ella lo había pedido en los tiempos en que pensaban que los problemas de las desaparecidas y las asesinadas por feminicidio estaba lejos de su zona familiar.

Cruz Alejandra Peña Beltrán estudiaba inglés y hablaba chino. Trabajaba. No dependía de su madre. Solo pedía que ya no le exigieran estudiar, más que la prepa. Ella, desde morra, decía que solo deseaba estudiar el kínder, que no más.

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